jueves 17 de septiembre de 2009

El lado oscuro...

No siento un patriotismo exacerbado cada que llega el 15 de septiembre. La cercanía del bicentenario de la independencia me importa una puritita chingada; ni siquiera pienso que este país sea independiente atado como está, a intereses económicos y neocoloniales tanto españoles como gringos.
Por eso mientras la gente se arremolinaba en la plaza para gritar ¡Viva México! en un estado donde las playas se vuelven cada vez mas un territorio vedado a los mexicanos en aras del disfrute de turistas y residentes gringos, donde los anuncios de bienes raíces están cotizados en dólares y escritos en inglés, mejor me quedé encerrado para ver de nuevo El lado oscuro del corazón.

Y si, me ganó la nostalgia y sentí de nuevo la emoción de ver a un poeta retar y aún envolver en el juego a la muerte, de mirarlo andar sin un rumbo específico y sin embargo con la convicción de que su rumbo está perfectamente trazado. Es el camino de la poesía. Miré con mucho gusto, como a un viejo conocido insertado en la historia del poeta ficticio, al poeta verdadero. Me dió una alegría enorme verte de nuevo, querido Mario, declamando en una lengua que no comprendo.
¿Y quién dice que Benedetti ha muerto, si de la nada se aparece y vuelve a encender la oscuridad de nuestro tiempo con su luminosa palabra?Si trata de un poeta, en la película brillan poemas de tres de ellos. El ya citado Mario Benedetti; Oliverio Girondo, quien además presta su nombre al personaje y a quien la primera vez que ví la película no conocía; Ronda también la presencia de Juan Gelman.
Así que mientras afuera se celebraba una falaz independencia, yo andaba acá en el interior por las calles de Argentina, celebrando la libertad que solo existe en la poesía; en sus tropos y alocuciones que no pueden, nunca han podido y jamás lograrán derrotar ni las dictaduras militares ni los mezquinos intereses económicos de una minoría voraz y egoísta.Aunque, dicho sea de paso, tan difícil sea sobrevivir con el oficio de poeta. No olvida esto Eliseo Subiela y lo retrata en varias escenas de su película.


Para terminar bien la noche, me dediqué a releer El mundo que respiro de Mario Benedetti, y a recordar a cierta joven que hace varios años me introdujo en esta película y por estos días hace los preparativos pertinentes a su cercana migración hacia París. Le recomendé que no deje de llevar consigo su ejemplar de Rayuela y mientras se encuentra en el escenario donde La Maga... pero esa ya es otra historia.

sábado 20 de junio de 2009

El escritor generoso.

Era la mañana del 23 de abril, día internacional del libro; el escritor Paco Ignacio Taibo II junto a su esposa y su hija Marina, dió una muestra más de su generosidad. Esa que muestra cada que escribe una nueva obra y entrega parte de su vida a la investigación, análisis documental y rastreo de datos por bibliotecas y archivos para generar libros históricos (nunca mejor aplicado el término) ya sean biografías de personajes como Pancho Villa o el Che Guevara, ya novelas policiales o registros cronológicos como su libro "68" documento del movimiento estudiantil del cual él formó parte.

Durante la celebración del día del libro, Paco Ignacio Taibo II regaló a la gente, es decir a ese pueblo acerca del que escribe y de donde obtiene las características para muchos de sus personajes, la biblioteca de su padre recientemente fallecido. El también escritor y periodista Paco Ignacio Taibo I.

El reportero Arturo García Hernández escribe para La Jornada:
Las filas no decrecen. Paco Ignacio Taibo II está emocionado. Si vuelve a parpadear se le ruedan las lágrimas:
¿Quién dice que en este país no se lee, chingao? Tú nada más mira.

¿Y todos esos son lectores? Cómo saberlo. Paloma Sáiz está segura de que la mayoría sí lo es: Sólo un lector hace cola y espera tanto tiempo bajo el sol para que le den un libro.

De una de las cajas emerge un título: Por el gusto de estar con ustedes, publicado en 1987 por el Instituto Nacional de Bellas Artes. El autor se llama Paco Ignacio Taibo I y el texto de presentación es de Paco Ignacio Taibo II. El hijo pone aparte el libro del padre, lo presume al reportero y finalmente se lo regala: Es inconseguible.

En la edición de El Universal del 24 de abril, leemos:
Con un paliacate azul en la cabeza y puesta en primera fila para entregar libros, la fotógrafa Marina Taibo, hija de Paco y Paloma, comentó “estoy feliz, se me han salido las lágrimas desde el minuto uno. Fue como regalar a mi abuelo en cachitos a todo el mundo”.

“Es muy emocionante —describió Paco Ignacio Taibo II—. El corazón se me hizo chiquito, se me engarruñó de ver a la gente que decía ‘Yo quiero algo de filosofía para mí’ o ‘Dame el de poesía’. Había un motín, un verdadero motín”. Taibo II, personalmente, entregó muchos de los libros y organizó a la gente que a veces se atropellaba en las diversas filas para buscar libros.

Desafortunadamente no pude estar presente en tan maravillosa reunión.
A veces la distancia que media entre la Ciudad de México y esta orilla del país mecida por el océano pacífico me llena de melancolía. ¿Por qué casi todos los muchachos sanos y robustos, con alma sana y robusta, se vuelven locos un día u otro por ir al mar? Se cuestiona Herman Melville.
Lo ignoro. Uno siempre escapa hacia el mar.

Así también, el personaje de Taibo II, Héctor Belascoarán Shayne, detective independiente democrático mexicano; se refugió en una playa lejana de Sinaloa que es "El segundo mejor lugar del mundo porque el mejor primer lugar del mundo está como a media hora de aquí." en la novela Algunas nubes.
Las correrías en las que Paco Ignacio Taibo II lo envuelve me han hecho disfrutar días de emoción y a veces rabia, porque si algo puede describir este escritor generoso es la podredumbre del sistema. En sus libros los personajes luchan, sobreviven y a veces ganan al sistema.
¿Puede ser diferente, viniendo las palabras de un hombre que se emociona y gesticula alegre cuando habla de Robin Hood atracando a los ricos para dar a los pobres?

Acá dejo las líneas anteriores para manifestar la gran admiración que por el escritor generoso siento. El gozo en que me mantiene la constante lectura de sus títulos; la expectación ante la aparición de alguno nuevo.
Un gracias enorme, es lo que trato de plasmar aquí, para el gran Paco Ignacio Taibo II.

sábado 11 de abril de 2009

La ciudad que nos habita.



En "Las ciudades invisibles" Italo Calvino propone un ejercicio lúdico que puede quedar en la mera lectura del libro o continuar en la imaginación del lector. Si se es lo suficientemente infortunado como para haber nacido en un núcleo urbano, fácilmente uno puede identificar los mecanismos y tramas que forman las complejas ciudades imaginarias del narrador; porque quien vive a diario y conoce una ciudad tiene la impronta de esa comunidad cada vez más uniforme e intercambiable del nuevo orbe. Escribe el autor para una conferencia que se ha usado como prólogo del volumen:

"¿Qué es hoy la ciudad para nosotros? Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez más difícil vivirlas como ciudades. Tal vez estamos acercándonos a un momento de crisis de la vida urbana y Las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles. Se habla hoy con la misma insistencia tanto de la destrucción del ambiente natural como de la fragilidad de los grandes sistemas tecnológicos que pueden producir perjuicios en cadena, paralizando metrópolis enteras. La crisis de la ciudad demasiado grande es la otra cara de la crisis de la naturaleza."Como habitantes de la cada vez más estrecha aldea global, el juego que nos propone Italo Calvino en el texto permite seguir adelante en la contemplación de las ciudades invisibles, estos habitáculos inexistentes con raíces en la realidad urbana. Navegando la red me encontré con una muy bella interpretación gráfica de algunos textos del libro en la revista bifurcaciones.Ignoro si además el libro haya invitado a la reflexión acerca del núcleo urbano a otros autores, justo es pensar que sí, y me tomaré el tiempo de rastrear si existen dichas cavilaciones.
Lo cierto es que yo he continuado ahí donde las páginas se agotaron y mi mente ha desbordado la mancha urbana hacia una ciudad que solo existe porque yo la percibo; de la cual quiero hacer partícipe a quien desee recorrer sus calles, conocer a sus habitantes, admirarse de su situación geográfica tan peculiar.
Creo que ningún individuo vive la misma ciudad que su vecino. El entorno es diferente porque es desigual la realidad de cada uno de nosotros, no habitamos una ciudad, la ciudad nos habita y crece dentro de nuestros recuerdos.
Conozco pocas ciudades, algunas solamente de paso y percibidas detrás de un cristal como piezas de museo, de ellas voy formando por placer lúdico "La ciudad interna" y "Redes."
Ahí están indisolublemente unidos el entorno que percibo y la arquitectura de un lugar que dejaría de existir si me niego a contarlo.

Flora.


Recién estuve desempolvando algunos libros que traje a casa. No me es posible trasladar todos los que aún conservo guardados en cajas en casa de mi madre, pero de poco voy trayendo en la mochila algunos. A veces en el aeropuerto se sorprenden de que mi equipaje al venir a Los Cabos sean libros y no las cosas que generalmente traen los pasajeros que vienen acá como turistas.
Hallé mi viejo tomo de "Rojo y negro" de Stendhal; me propongo releerlo por el puro gusto de reencontrarme con el siempre joven Julien Sorel.
Dediqué después algunas horas a vagar en la red buscando información acerca de una profesora que tuve durante el bachillerato. La idea me vino a la cabeza porque fué entonces, en el bachillerato, cuando más disfruté de las obras de Stendhal.
Particularmente por "Rojo y negro" guardo de aquellos años un muy grato recuerdo, muy por encima de"La cartuja de Parma" y otras obras. Me da cierta melancolía este libro, puesto que yo he crecido y Julien Sorel continúa a través de los años con sus andanzas adolescentes, con la ambición y los sueños que se tienen durante los años de la primer juventud.

Encontré un número de la gaceta del Colegio de Ciencias y Humanidades en el que se informa acerca de un reconocimiento que le han hecho junto a profesoras de diversas sedes del mismo colegio; me dió un gusto enorme saber algo de ella. Pero aún no quedo satisfecho pues este número ha sido publicado en 2006. Me gustaría saber que ella sigue entregándose a las generaciones de alumnos que seguramente no recuerda por ser legiones ya; de las que algunos llevan en si mismos, como yo, su marca indeleble.
Flora Huerta es la mujer del pantalón negro y el huipil blanco que aparece en el extremo derecho con el cabello suelto; sencilla como la recuerdo, un tanto más delgada. Me pregunto cómo recibiría este reconocimiento la profesora que no terminaba de acostumbrarse a los elogios que algunos alumnos le hacíamos.
Cabe decir que su materia; Comunicación, para mí era LA CLASE .
De aquellos años en los que mi vagancia era apuntalada por la juventud, no recuerdo haber disfrutado entrar a un aula si no era a La Clase. así que en realidad entraba a muy pocas asignaturas y después de cierto tiempo simplemente lo dejé. Prefería andar por ahí leyendo a Stendhal, a Hugo, a Dostoievsky...
Descubrí por ejemplo que en la biblioteca escolar tenían la obra completa de Balzac, y sin embargo este jamás entraba en el programa de estudios. Así se lo hice saber a Flora, que ya tenía años de saber que el programa nunca es lo que debería ser. Yo aún me sorprendería mucho cuando incluso en la escuela de escritores de Sogem encontré que un número considerable de alumnos ignoraba absolutamente todo acerca de la obra de Balzac. Alumnos que pretendían con mayor o menor sinceridad dedicarse a escribir.
Flora fué la primera en leer mis incipientes textos, fué un muro sólido en el que me protegí de la miseria que entonces me asfixiaba, de la paranoia con la que caminé por muchos años. Hoy gracias a mi encuentro con la novela que más me gusta de Stendhal, puedo hacer un momento de remembranza y decir como muchos otros habrán dicho antes: gracias, profesora Huerta.

miércoles 8 de abril de 2009

Por principio.


La luna no se disuelve en la noche
como las otras piedras,
tras de la luz olvida
un corazón desierto.
VERÓNICA VOLKOW.

Es mar la noche negra,
la nube es una concha,
la luna es una perla.
JOSÉ JUAN TABLADA.



Comienzo hoy a redactar en este blog. Cabe señalar que sin proponermelo, pero seguramente también sin ser una casualidad, se eleva sobre la noche calurosa en la costa más lejana del país una luna llena magnífica. Bajo el auspicio de esa luz absoluta y el aroma oceánico en el ambiente me pongo en marcha.
Me acerqué a las palabras de dos poetas que en momentos de necesidad siempre me han socorrido para dar inicio a este rincón de la red en el que plasmaré mis impresiones acerca de los libros que me han marcado a fuego; de los otros que he leído y han sido compañia grata pero no llegaron a fusionarse con los primeros; a la par de los que iré leyendo con el paso de los días, y si, también hilaré mis letritas para no dejar que se me oxiden las ideas que piden ser texto.
Que sean Verónica y José Juan mis padrinos en esta empresa a la que me entregaré gustosamente.